Hoy teníamos pensado comenzar bien temprano, pero las caipirinhias de anoche en la despedida de Río, no nos lo han permitido y hemos comenzado sobre las 8:30 am.
Salimos de Río dirección a Barra de Tijuca con el ajetreo del tráfico, normal de este monstruo de ciudad, pero con la ayuda de los conductores brasileiros, que no nos acabamos de acostumbrar a que nos faciliten tanto la conducción a los motoristas.
Avanzamos lentamente por carreteras interurbanas muy intrincadas y con mucho tráfico, pero con la también inestimable ayuda del GPS. Ya a las afueras de la urbe, los pueblos que vamos encontrando nos recuerdan a otros lugares de Centroamérica. Poco a poco en nuestro lento avanzar y casi sin darnos cuenta, empezamos a disfrutar de una carretera serpenteante y bien asfaltada, que va todo el tiempo con el inmenso Atlántico a nuestra izquierda, salpicado de decenas de pequeñas islas de vegetación exuberante y playas desiertas de personas pero atestadas de palmeras, mientras a nuestra derecha tenemos una selva impenetrable con todas las tonalidades de verdes inimaginables. Vamos todo el camino con la sensación de que nos estamos perdiendo lugares increíbles, pero una tras otra curva aparece un lugar tan lindo y solitario o más que el anterior, lo que nos hace parar varias veces a disfrutar de las vistas, e incluso volver sobre el asfalto ya recorrido, para hacer esa foto que se nos pasó.
Llegamos a Paratí a eso de las 15:00 pm y nos damos una vuelta por toda la ciudad buscando ese hotelito magnífico a precio asequible que nos permita disfrutar de la tarde en este bello rincón, y parece que lo hemos logrado, estamos en la Pousada Corsario, en la que nos relajamos en la piscina, desde la cual con un zumo de frutas y la oficina portatil, en un lindo jardín con vistas al canal, escribo estas líneas y me despido hasta mañana.
Salimos de Río dirección a Barra de Tijuca con el ajetreo del tráfico, normal de este monstruo de ciudad, pero con la ayuda de los conductores brasileiros, que no nos acabamos de acostumbrar a que nos faciliten tanto la conducción a los motoristas.
Avanzamos lentamente por carreteras interurbanas muy intrincadas y con mucho tráfico, pero con la también inestimable ayuda del GPS. Ya a las afueras de la urbe, los pueblos que vamos encontrando nos recuerdan a otros lugares de Centroamérica. Poco a poco en nuestro lento avanzar y casi sin darnos cuenta, empezamos a disfrutar de una carretera serpenteante y bien asfaltada, que va todo el tiempo con el inmenso Atlántico a nuestra izquierda, salpicado de decenas de pequeñas islas de vegetación exuberante y playas desiertas de personas pero atestadas de palmeras, mientras a nuestra derecha tenemos una selva impenetrable con todas las tonalidades de verdes inimaginables. Vamos todo el camino con la sensación de que nos estamos perdiendo lugares increíbles, pero una tras otra curva aparece un lugar tan lindo y solitario o más que el anterior, lo que nos hace parar varias veces a disfrutar de las vistas, e incluso volver sobre el asfalto ya recorrido, para hacer esa foto que se nos pasó.
Llegamos a Paratí a eso de las 15:00 pm y nos damos una vuelta por toda la ciudad buscando ese hotelito magnífico a precio asequible que nos permita disfrutar de la tarde en este bello rincón, y parece que lo hemos logrado, estamos en la Pousada Corsario, en la que nos relajamos en la piscina, desde la cual con un zumo de frutas y la oficina portatil, en un lindo jardín con vistas al canal, escribo estas líneas y me despido hasta mañana.
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