A las 10.00 am salgo de Rio Gallegos con deseos de volver a ver el Perito Moreno y cruzando los dedos para que la reparación aguante. Me siento muy afortunado, toquemos madera, pero el tiempo hasta ahora ha sido espectacular, 18º a primera hora y el sol resplandeciente y casi sin viento. Mi moto, yo y naturaleza en todo su esplendor por delante. Un armadillo que corre al oir el rugido del motor, un zorro que se agacha a mi paso para no ser visto, una liebre que recoge sus orejas con la misma intención y cómo ya es habitual, muchos guanacos y ñandus. Alguna vez una mamá ñandú con una guardería completa de diez o doce pequeñines, algún ave rapaz divisando desde el cielo alguna posible presa... en fin, un placer. Pasan los kms casi sin darme cuenta y al fondo se elevan majestuosos los Andes con sus picos nevados. Ya empiezo a ver las aguas turquesas del lago argentino y El Calafate está ahí pero paso de largo camino del glaciar. La carretera va bordeando el lago y pronto aparece el glaciar de fondo, después de estar frente a él por más de dos horas, casi solo todo el tiempo, oyendo los estruendos provocados por los rompimientos y contemplando las distintas tonalidades del hielo que pasan de blancos puro a azules intesos, disfrutando como un enano.
Ya luego me fui a El Calafate, al hotelito que Pedro me dijo, a través de mail, que estaba hospedado y donde nos reencontramos.
Ya luego me fui a El Calafate, al hotelito que Pedro me dijo, a través de mail, que estaba hospedado y donde nos reencontramos.
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